martes, 27 de febrero de 2018

La ley del amor de Vicent Guillem

Las leyes espirituales 2

Ya has mencionado la ley del amor en multitud de ocasiones pero ¿qué es, según tú, el amor?
El amor puede definirse en su grado máximo como la capacidad de sentir a los demás como a uno mismo.
¿Pero el amor existe realmente o es sólo un concepto abstracto?
Existe realmente y se manifiesta como una intensa vibración de la esencia vital o principio espiritual que se transmite a todos los planos de la existencia, desde el plano espiritual, pasando por el mental y el astral, hasta llegar al físico. La manifestación del amor en el plano energético es la energía de más alta vibración, la luz más brillante, la luz de las estrellas. Esa vibración, la vibración del amor, al igual que la luz, se puede transmitir y ser percibida.


RESEÑA

Un sermón simplista bajo la etiqueta de espiritualidad

En La ley del amor, Vicent Guillem continúa la línea de su obra anterior, utilizando de nuevo el recurso de un diálogo con una entidad espiritual para exponer su visión del mundo. Aunque el título sugiere un mensaje positivo, el contenido acaba resultando una colección de lugares comunes y juicios morales que carecen de profundidad real.
El mayor defecto del libro es su enfoque dogmático. Bajo la apariencia de “revelación”, el autor presenta sus opiniones personales como verdades universales e incuestionables. Este formato de diálogo impide cualquier análisis crítico: las preguntas del “aprendiz” son tan básicas y complacientes que solo sirven para que el “maestro” despliegue su doctrina sin oposición. Además, el libro incurre en una simplificación peligrosa de los conflictos humanos, sugiriendo que cualquier problema —ya sea psicológico, social o de salud— se resuelve simplemente “amando más”, lo cual ignora la complejidad de la realidad y puede resultar muy frustrante para el lector.
La prosa es plana y excesivamente redundante. El libro gira sobre las mismas ideas y otra vez sin llegar a profundizar en ninguna. No hay una base filosófica sólida, sino una amalgama de conceptos New Age que hemos visto mil veces en manuales de autoayuda más breves y mejor escritos. El tono a menudo se percibe como paternalista, tratando temas tan delicados como el duelo o el propósito de vida con una ligereza que roza la falta de empatía.
La ley del amor es un texto que aporta poco a quien busque una espiritualidad reflexiva o una guía práctica con los pies en la tierra. Es una lectura que se siente más como una imposición de creencias que como una invitación a la introspección. Para aquellos que no acepten ciegamente el misticismo sin pruebas, el libro resultará vacío, repetitivo y, en última instancia, irrelevante.


1/5

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