sábado, 29 de junio de 2024

Autobiografía de Federico Sánchez de Jorge Semprún

Un militante del Partido Comunista de España, al que se conoce por el nombre de guerra de «Federico Sánchez», evoca sus experiencias en el período de inspiración estalinista y sus actividades clandestinas en España, hasta su expulsión del Partido en los años sesenta por discrepancia de criterio con sus dirigentes. La narración no sigue ningún orden cronológico y sus diversos episodios sirven continuamente de trampolín para rememorar recuerdos personales, citar textos y discutir actitudes y opiniones políticas, debate que conduce a un implacable proceso de toda la evolución del comunismo desde la muerte de Lenin hasta hoy.
La obra se presenta como un «intento de reflexión autobiográfica», pero el libro puede considerarse como una modalidad sui generis de narración novelesca por el elaborado tratamiento de su contenido, que está muy lejos de ser una simple exposición directa de unos hechos autobiográficos. Estos materiales se ordenan y se componen en busca de efectos y contrastes con la misma técnica con que se procedería en el caso de estructurar una ficción pura, y es, pues, la consecuencia literaria obtenida lo que cuenta desde el punto de vista novelesco.
Relato singular y apasionante por las cuestiones que se discuten, la segura eficacia de su prosa y la fuerte personalidad de un gran escritor, esta Autobiografía de Federico Sánchez, ganadora del Premio Planeta 1977, no sólo tiene un valor único como opinión y testimonio, sino que además devuelve a la literatura española una de las figuras de mayor relieve de la narrativa europea actual.


RESEÑA

El ajuste de cuentas con la memoria y la ideología

Jorge Semprún construye en esta obra una de las piezas más lúcidas y valientes de la narrativa política del siglo XX. Bajo el seudónimo de “Federico Sánchez”, el nombre que utilizó en la clandestinidad como dirigente del Partido Comunista de España, el autor nos ofrece un relato que desborda las fronteras de la autobiografía convencional para convertirse en un ensayo sobre la memoria, la identidad y el desencanto. Es un libro que nace de la ruptura: el relato de un hombre que, tras ser expulsado del partido, decide enfrentarse a su propio pasado con una honestidad cortante y una prosa de una calidad técnica extraordinaria.
Lo más fascinante de la novela es su estructura fragmentaria y circular. Semprún no narra de forma lineal, sino que utiliza saltos temporales que conectan su experiencia en la resistencia francesa, su paso por el campo de concentración de Buchenwald y sus años de activismo oculto en el Madrid de la dictadura. Esta técnica permite al lector entender cómo se construye una conciencia política y, sobre todo, cómo esa misma conciencia entra en conflicto con las rigideces del dogmatismo. La crítica al estalinismo y a la jerarquía del PCE no se hace desde el rencor, sino desde un análisis intelectual profundo que disecciona los mecanismos del poder y la ceguera ideológica.
A pesar de su carga política, la obra brilla por su altísimo valor literario. Semprún es un maestro del lenguaje; sus diálogos son vivos y sus reflexiones sobre el exilio y la libertad tienen una vigencia asombrosa. El autor consigue que el lector se sienta cómplice de sus paseos por Madrid, de sus miedos ante la policía y de su amor por la literatura como el refugio ante la barbarie. Es, en esencia, la historia de un hombre que recupera su nombre y su voz tras años de vivir bajo una máscara necesaria, demostrando que la verdad individual es el único antídoto contra las mentiras colectivas.
En conclusión, Autobiografía de Federico Sánchez es una lectura imprescindible para comprender la historia reciente de España y las contradicciones del compromiso político. Es un libro elegante, denso y profundamente humano que nos recuerda que la memoria es un territorio en disputa y que la literatura es la herramienta definitiva para conquistar nuestra propia libertad.


5/5

sábado, 22 de junio de 2024

Los trabajos de Persiles y Sigismunda de Miguel de Cervantes

En Los trabajos de Persiles y Sigismunda, publicada en 1617 casi simultáneamente en Madrid, Barcelona, Lisboa, Valencia, Pamplona y París (seis ediciones, lo que muestra su notable acogida), se narra un conjunto heterogéneo de peripecias que, como era habitual en la llamada «novela bizantina» o «helenística», incluye aventuras y una separación de dos jóvenes que se enamoran y acaban encontrándose en una anagnórisis al final de la obra. En ella, Periando y Auristela (que solo tras el desenlace en matrimonio cristiano de la novela adoptarán los nombres de Persiles y Sigismunda), príncipes nórdicos, peregrinan por varios lugares del mundo para acabar llegando a Roma y, juntos, contraer matrimonio.
Cervantes intentó con este relato construir una obra narrativa cuyo género, a diferencia del Quijote, que solo era una parodia y de un género medieval, sí estaba avalado por la práctica de la literatura clásica; de este modo partía de un modelo narrativo que recogían las preceptivas literarias neoaristotélicas renacentistas. Producto de una definida y firme intención universalizadora (que tiene, como consecuencia y contrapartida, la abstracción), los principales personajes del Persiles no son cuerpos opacos de carne y hueso, sino transparentes símbolos de validez universal: Persiles y Sigismunda son los perfectos amantes cristianos, Rosamunda es la lascivia, Clodio la maledicencia, etc. Es ésta la verdadera novela de un novelista: Es una novela, es una idea de la novela, y es la suma de todos los puntos de vista posibles en su tiempo sobre la novela.
Es la última obra de Miguel de Cervantes. El propio autor la consideró su mejor obra; sin embargo la crítica da este título unánimemente a Don Quijote de la Mancha.


RESEÑA

El testamento épico y espiritual de un genio

A menudo eclipsada por la sombra del hidalgo manchego, Los trabajos de Persiles y Sigismunda representa el testamento literario de Miguel de Cervantes. Publicada póstumamente, esta “novela bizantina” es un despliegue de imaginación desbordante donde el autor abandona el realismo picaresco para sumergirse en una epopeya de amor, fe y aventuras. La historia sigue la odisea de dos príncipes nórdicos que, bajo identidades falas, recorren Europa desde las brumosas tierras del norte hasta la luminosa Roma, enfrentándose a piratas, naufragios y hechicerías en una búsqueda de redención y unión sagrada.
Lo más fascinante de la obra es su geografía mítica. Cervantes construye un mundo de contrastes: los primeros libros nos presentan un Septentrión oscuro, salvaje y casi fantástico, que evoluciona hacia una Europa más civilizada y reconocible a medida que los protagonistas avanzan hacia el sur. La maestría técnica del autor brilla en el uso de la técnica in media res y en el entrelazamiento de múltiples historias secundarias, demostrando que, incluso al final de su vida, Cervantes seguía siendo el arquitecto narrativo más ambicioso de su tiempo.
A diferencia del tono satírico del Quijote, el Persiles apuesta por un idealismo espiritual. Es una novela de peregrinación, tanto física como interior. Los protagonistas no son figuras cómicas, sino arquetipos de virtud que atraviesan pruebas terribles (los “trabajos”) para alcanzar un estado de pureza. Sin embargo, no falta la “chispa” cervantina: el libro está salpicado de personajes secundarios vividos y de una reflexión profunda sobre la libertad, el destino y la capacidad del ser humano para transformar su propia realidad a través de la voluntad.
En conclusión, Los trabajos de Persiles y Sigismunda es una obra de una belleza poética excepcional. Es el cierre de un ciclo vital donde Cervantes se reconcilia con la fantasía y el idealismo, regalándonos una de las prosas más depuradas y elegantes de la lengua española. Leer el Persiles es descubrir al Cervantes más íntimo y esperanzado, aquel que, consciente de su final, decidió despedirse del mundo con una historia de amor eterno.


4.5/5