En Los trabajos de Persiles y Sigismunda, publicada en 1617 casi simultáneamente en Madrid, Barcelona, Lisboa, Valencia, Pamplona y París (seis ediciones, lo que muestra su notable acogida), se narra un conjunto heterogéneo de peripecias que, como era habitual en la llamada «novela bizantina» o «helenística», incluye aventuras y una separación de dos jóvenes que se enamoran y acaban encontrándose en una anagnórisis al final de la obra. En ella, Periando y Auristela (que solo tras el desenlace en matrimonio cristiano de la novela adoptarán los nombres de Persiles y Sigismunda), príncipes nórdicos, peregrinan por varios lugares del mundo para acabar llegando a Roma y, juntos, contraer matrimonio.
Cervantes intentó con este relato construir una obra narrativa cuyo género, a diferencia del Quijote, que solo era una parodia y de un género medieval, sí estaba avalado por la práctica de la literatura clásica; de este modo partía de un modelo narrativo que recogían las preceptivas literarias neoaristotélicas renacentistas. Producto de una definida y firme intención universalizadora (que tiene, como consecuencia y contrapartida, la abstracción), los principales personajes del Persiles no son cuerpos opacos de carne y hueso, sino transparentes símbolos de validez universal: Persiles y Sigismunda son los perfectos amantes cristianos, Rosamunda es la lascivia, Clodio la maledicencia, etc. Es ésta la verdadera novela de un novelista: Es una novela, es una idea de la novela, y es la suma de todos los puntos de vista posibles en su tiempo sobre la novela.
Es la última obra de Miguel de Cervantes. El propio autor la consideró su mejor obra; sin embargo la crítica da este título unánimemente a Don Quijote de la Mancha.
RESEÑA
El testamento épico y espiritual de un genio
A menudo eclipsada por la sombra del hidalgo manchego, Los trabajos de Persiles y Sigismunda representa el testamento literario de Miguel de Cervantes. Publicada póstumamente, esta “novela bizantina” es un despliegue de imaginación desbordante donde el autor abandona el realismo picaresco para sumergirse en una epopeya de amor, fe y aventuras. La historia sigue la odisea de dos príncipes nórdicos que, bajo identidades falas, recorren Europa desde las brumosas tierras del norte hasta la luminosa Roma, enfrentándose a piratas, naufragios y hechicerías en una búsqueda de redención y unión sagrada.
Lo más fascinante de la obra es su geografía mítica. Cervantes construye un mundo de contrastes: los primeros libros nos presentan un Septentrión oscuro, salvaje y casi fantástico, que evoluciona hacia una Europa más civilizada y reconocible a medida que los protagonistas avanzan hacia el sur. La maestría técnica del autor brilla en el uso de la técnica in media res y en el entrelazamiento de múltiples historias secundarias, demostrando que, incluso al final de su vida, Cervantes seguía siendo el arquitecto narrativo más ambicioso de su tiempo.
A diferencia del tono satírico del Quijote, el Persiles apuesta por un idealismo espiritual. Es una novela de peregrinación, tanto física como interior. Los protagonistas no son figuras cómicas, sino arquetipos de virtud que atraviesan pruebas terribles (los “trabajos”) para alcanzar un estado de pureza. Sin embargo, no falta la “chispa” cervantina: el libro está salpicado de personajes secundarios vividos y de una reflexión profunda sobre la libertad, el destino y la capacidad del ser humano para transformar su propia realidad a través de la voluntad.
En conclusión, Los trabajos de Persiles y Sigismunda es una obra de una belleza poética excepcional. Es el cierre de un ciclo vital donde Cervantes se reconcilia con la fantasía y el idealismo, regalándonos una de las prosas más depuradas y elegantes de la lengua española. Leer el Persiles es descubrir al Cervantes más íntimo y esperanzado, aquel que, consciente de su final, decidió despedirse del mundo con una historia de amor eterno.
4.5/5

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