miércoles, 20 de diciembre de 2017

Diarios de la Revolución de 1917 de Marina Tsvietáieva

Este libro reúne fragmentos de los diarios de Marina Tsvietáieva durante uno de los períodos más dramáticos de la historia de Rusia. Extraordinaria observadora, la poeta recoge en ellos su tremenda peripecia vital: la soledad, las estrecheces y las penurias que la revolución trajo consigo. El resultado es un texto íntimo y cargado del lirismo y la belleza lúcida de una voz personal y seductora.



RESEÑA

Belleza y hambre: el grito poético en medio del caos

Leer los Diarios de la Revolución de Marina Tsvietáieva no es leer un libro de historia; es asomarse directamente al abismo de un alma herida por el colapso de todo un mundo. En estas páginas, la autora no narra los grandes eventos políticos desde la distancia, sino que registra el impacto de la Revolución Rusa en lo cotidiano: el frío que cala los huesos, el hambre extrema y la lucha desesperada de una poeta por mantener su identidad mientras su realidad se desintegra.
Lo que hace a este libro excepcional es su honestidad descarnada. Tsvietáieva no intenta ser políticamente correcta ni objetiva. Describe con una mezcla de altivez aristocrática y vulnerabilidad absoluta cómo tiene que quemar sus propios muebles para calentarse o la tragedia de no poder alimentar a sus hijas. Es un documento humano de una potencia insólita, donde la miseria más abyecta convive con la elevación espiritual de quien se refugia en la palabra para no volverse loca.
La prosa de Tsvietáieva es eléctrica, llena de guiones, exclamaciones y saltos lógicos. Es una escritura “en carne viva”, nerviosa y profundamente lírica. Sus diarios son fogonazos de realidad: conversaciones captadas en colas de racionamiento, reflexiones sobre el destino de Rusia y retratos de una Moscú convertida en un escenario fantasmal. No hay filtro entre su pensamiento y la pluma, lo que otorga al libro una urgencia que todavía hoy sigue cortando el aliento.
Es una lectura imprescindible, no solo para los amantes de la literatura rusa, sino para cualquiera que quiera entender qué le ocurre al espíritu humano cuando la civilización se desmorona. Es un libro duro, trágico y a veces insoportable, pero de una belleza literaria que solo alguien con el genio de Tsvietáieva podría haber arrancado del horror. Una obra que nos recuerda que, incluso en el infierno, el arte puede ser el único asidero.


5/5

miércoles, 13 de diciembre de 2017

El jardín olvidado de Kate Morton

Una niña desaparecida en el siglo XX...
En vísperas de la Primera Guerra Mundial, una niña es abandonada en un barco con destino a Australia. Una misteriosa mujer llamada la Autora ha prometido cuidar de ella, pero la Autora desaparece sin dejar rastro... Un terrible secreto sale a la luz... En la noche de su veintiún cumpleaños, Nell O'Connor descubre que es adoptada, lo que cambiará su vida para siempre. Décadas más tarde, se embarca en la búsqueda de la verdad de sus antepasados que la lleva a la ventosa costa de Cornualles.
Una misteriosa herencia que llega en el siglo XXI...
A la muerte de Nell, su nieta Cassandra recibe una inesperada herencia: una cabaña y su olvidado jardín en las tierras de Cornualles que es conocido por la gente por los secretos que éstos esconden. Aquí es donde Cassandra descubrirá finalmente la verdad sobre la familia y resolverá el misterio, que se remonta un siglo, de una niña desaparecida.


RESEÑA

Un laberinto de secretos, sagas familiares y misterio gótico

Si hay una autora capaz de tejer pasado y presente con la precisión de un orfebre, esa es Kate Morton. En El jardín olvidado, nos regala una historia fascinante que arranca con una niña abandonada en un barco rumbo a Australia en 1913 y termina convirtiéndose en una búsqueda de identidad que atraviesa tres generaciones y dos continentes.
Lo mejor de la novela es su ambientación. Morton nos transporta desde la luminosa Australia hasta una sombría mansión en la costa de Cornualles, con su jardín descuidadom su laberinto y su atmósfera de cuento de hadas oscuro. La estructura en tres tiempos (1913, 1975 y el presente) está perfectamente equilibrada; la autora suelta las pistas con cuentagotas, manteniendo al lector pegado a las páginas mientras intenta reconstruir el rompecabezas de la familia Mountrachet.
La prosa de Morton es rica, descriptiva y muy evocadora. Logra que casi puedas oler el salitre del mar y la vegetación salvaje del jardín. Los personajes femeninos —Nell y su nieta Cassandra— son fuertes y vulnerables a la vez, y la inclusión de los cuentos escritos por la misteriosa “Autora” añade una capa de realismo mágico y misticismo que hace que la historia sea única. Es un homenaje a la literatura victoriana y a las grandes sagas de secretos familiares.
El jardín olvidado es una lectura absorbente, nostálgica y profundamente emotiva. Es el libro perfecto para perderse en él durante días. Si te gustan las historias de casas antiguas con secretos ocultos, los misterios que se resuelven década tras década y la narrativa que cuida cada detalle, esta novela es una apuesta segura. Una joya del género que te deja con ganas de más.


5/5

viernes, 8 de diciembre de 2017

El fulgor y la sangre de Ignacio Aldecoa

El fulgor y la sangre
, finalista del Premio Planeta 1954, narra la tensa espera de unas mujeres, esposas de guardias civiles, que, situadas en un pueblo castellano, saben que hay entre los suyos un muerto en acto de servicio, ignorándose de momento quién pueda ser. Mediante una precisa alternancia del presente y el pasado, desfilan ante el lector las lentas horas de congoja, las pequeñas humillaciones de la vida diaria y los recuerdos de la guerra civil que persiguen a cada uno de los personajes, con sus temores e insatisfacciones.
Son apenas ocho o nueve horas de un día de verano en las que el tedio de un presente sumido en la depresiva y taciturna vida cuartelera se une al moroso sondeo de la memoria. Su alternancia desvela la miseria, la sordidez y los descalabros físicos y morales de la guerra civil y la posguerra. Aldecoa consigue en El fulgor y la sangre la máxima temperatura sensorial, en una singularidad testimonial matizada por la fusión de elementos trágicos y grotescos.


RESEÑA

La épica de la espera en una tarde de miedo

El fulgor y la sangre no es solo una de las mejores novelas de la Generación del 50; es un monumento al suspense psicológico y a la solidaridad femenina. Con una estructura circular y una tensión que se palpa en el ambiente, Ignacio Aldecoa nos encierra en una casa-cuartel de la Guardia Civil para vivir una espera angustiosa que retrata toda una época.
Lo más magistral de la novela es su manejo del tiempo y el silencio. La trama ocurre en apenas unas horas: laas mujeres de cinco guardias civiles esperan noticias sobre una tragedia ocurrida en el servicio. Mientras el sol de la tarde cae pesadamente, Aldecoa utiliza flashbacks para mostrarnos las vidas de estas mujeres, sus orígenes y sus miedos. Es una historia sobre la incertidumbre y sobre cómo el destino de los hombres condiciona, de manera absoluta y a veces cruel, la vida de las mujeres que los acompañan.
La prosa de Aldecoa es sobria, precisa y dotada de un lirismo muy contenido. Logra transmitir la atmósfera asfixiante de un pueblo de provincias y la psicología de unos personajes que viven en un estado de alerta constante. No hay grandes héroes; hay seres humanos cansados, con una dignidad que brilla en medio de la precariedad y el polvo. El autor huye de la crítica política directa para centrarse en una crítica existencial y social mucho más profunda y universal.
Es una lectura imprescindible para quienes disfrutan de la literatura que explora la condición humana y los lazos que se crean en la adversidad. Aldecoa demuestra que se puede hacer alta literatura partiendo de lo cotidiano. Una novela densa, emocionante y técnica, que deja al lector con la misma sensación de vacío y alivio que sienten sus protagonistas al final de la jornada.


5/5

sábado, 2 de diciembre de 2017

Sumisión de Michel Houellebecq

Una turbadora fábula política, como 1984 y Un mundo feliz. Francia, en un futuro próximo. A las puertas de las elecciones presidenciales de 2022. Los partidos tradicionales se han hundido en las encuestas y Muhammed Ben Abbés, carismático líder de una nueva formación islamista moderada, derrota con el apoyo de los socialistas y de la derecha a la candidata del Frente Nacional en al segunda vuelta. François, un profesor universitario hastiado de la docencia y de su vida aburrida pero sosegada, ve cómo la rápida transformación que sucede a la llegda del nuevo presidente al Elíseo altera la vida cotidiana de los franceses y le depara a él un inesperado futuro. Los judíos han emigrado a Israel, en las calles las mujeres han cambiado las faldas por conjuntos de blusas largas y pantalones, y algunos comercios han cerrado sus puertas o reorientado el negocio. Y la Sorbona es ahora una universidad islámica en la que los profesores conversos gozan de excelentes salarios y tienen derecho a la poligamia. Al igual que Huysmans, el escritor del siglo XIX convertido al catolicismo al que consagró su tesis, François sopesará pronunciar las palabras que le abrirán las puertas de la religión islámica y de una nueva vida: «No hay más dios que Alá y Mahoma es su profeta».
Sumisión llegó a las librerías francesas el mismo día del trágico atentado contra Charlie Hebdo y Houellebecq, acusado de islamofobia o de dar alas a la extrema derecha, afirmó: «No tomo partido, no defiendo ningún régimen. Deniego toda responsabilidad. He acelerado la historia, pero no puedo decir que sea una provocación, porque no digo cosas que considere falsas sólo para poner nerviosos a los demás». Más allá de la polémica, Sumisión es una novela de «política ficción» como 1984 y Un mundo feliz, una turbadora fábula política y moral, en la que coexisten intuiciones poéticas, efectos cómicos y una melancolía fatalista.


RESEÑA

Entre la sátira brillante y el cinismo agotador

Sumisión es, quizás, la novela más política y polémica de Michel Houellebecq. Fiel a su estilo, el “enfant terrible” de las letras francesas nos plantea una distopía cercana en la que un partido islámico llega al poder en Francia. Como ocurre siempre con este autor, la lectura es una mezcla de fascinación intelectual y un profundo desasosiego.
Lo mejor del libro es su agudeza sociológica. Houellebecq es un maestro retratando la decadencia de Occidente, el vacío existencial de la burguesía intelectual y el colapso de los valores tradicionales. La novela funciona muy bien como una sátira mordaz sobre cómo la política actual se ha convertido en un ejercicio de oportunismo. La transformación de las instituciones (especialmente la Universidad) bajo el nuevo régimen está narrada con una lucidez cínica que resulta, a partes iguales, divertiday aterradora.
El principal problema es el protagonista y su tono. François es el típico personaje de Houellebecq: un hombre misógino, apático y obsesionado con sus instintos básicos, lo que hace que sea muy difícil de empatizar co su viaje. A ratos, la trama se detiene en digresiones académicas y sexuales que interrumpen el ritmo y se sienten repetitivas. Además, el libro parece buscar la provocación por la provocación, dejando de lado el desarrollo de una trama más orgánica para centrarse en lanzar dardos contra todo y contra todos.
Es una novela inteligente que plantea preguntas incómodas sobre el futuro de Europa y el papel de la religión en la sociedad moderna. Sin embargo, su pesimismo extremo y su estilo monocorde pueden resultar cargantes. Es una lectura recomendada para quienes quieran entender el pulso de la derecha intelectual europea, pero puede decepcionar a quienes busquen una narrativa con más alma y menos bilis.


3/5