martes, 24 de agosto de 2021

Retrato de una bruja de Luis de Castresana

Ana, hija de don Santiago que es el señor de la torre, se enamora de Martín, el hijo del dueño de la ferrería. Pero Martín se va a la Corte, porque su madre quiere que se refine y olvide los modales de un ferrón. Ana languidece. Ceferina, su criada, sufre con el dolor de su ama. ¿Será la solución recurrir a Hilaria, la bruja, para conseguir que Martín regrese? Poco tiempo después de las primeras visitas a Hilaria, Ana se transforma y su quebrantado corazón se vuelca en un extraño universo: pócimas, ungüentos, bebedizos y como aturdidos colofón, los aquelarre.
Sin salirse del ambiente vasco que informa toda su obra y ahondando en él a través de un tema que ha sido actualidad en Vasconia, hasta casi ahora mismo, Castresana nos ha dejado un magistral estudio antropológico de un personaje tan característico de esas tierras. La bruja ha sido siempre poco menos que un ser maligno pero atractivo para el pueblo llano. Por otra parte, la bruja ha servido en muchas ocasiones de chivo emisario de intenciones políticas más o menos ocultas aquí y fuera de aquí. El tipo, por tanto, no podía ser más atractivo para un escritor sensible, y así tenemos una primera aproximación psicológica en Michelet, aunque bastante excesivamente cargada de historicismo e intenciones políticocorreligiosas.
Luis de Castresana, apoyado en los modernos estudios sobre la brujería medieval (en los cuales destacan precisamente no pocos estudiosos vascos) ha renunciado a cualquier interés sensacionalista para ahondar en el alma desnuda de una mujer del pueblo y, desde niña, seguirla en su evolución hacia el abismo del mundo mágico y hasta la tragedia. Es evidente que solo un novelista, un artista puede meterse dentro de la piel de un tipo de personaje tan complejo y controvertido como el de la bruja, como el de quien cree ser bruja, a quien se atribuyen poderes hechiceriles. Así este libro vale por todo un estudio antropológico.
Retrato de una bruja resultó finalista en el Premio Planeta de 1970.


RESEÑA

Un viaje hipnótico al corazón del mito y la identidad

En esta obra, Luis de Castresana nos sumerge en una atmósfera densa y cargada de misterio que explora las fronteras entre la realidad, la superstición y la psicología. La trama se centra en el regreso de un joven a su tierra natal, donde la presencia de una figura femenina enigmática se convierte en el eje sobre el cual giran los miedos y las obsesiones de toda una comunidad. El autor no solo reconstruye un paisaje lleno de brumas y leyendas, sino que traza un mapa emocional sobre el peso de la herencia y la fuerza de lo atávico, utilizando la narrativa para cuestionar cómo la mirada del “otro” puede condenar a una persona a la marginación.
El corazón de este coflicto reside en la fascinante relación entre Ana e Hilaria, dos mujeres que representan el choque entre la inocencia y el estigma social. Hilaria encarna el mito: es la figura solitaria y marcada por una tradición que la señala como bruja, cargando con el peso de siglos de prejuicios. Frente a ella aparece Ana, cuya pureza y mirada limpia actúan como el único puente humano capaz de desafiar el miedo irracional del pueblo. La delicadeza con la que se teje el vínculo entre ambas permite a Castresana humanizar la leyenda, transformando lo que podría ser un relato de terror en una profunda reflexión sobre la dignidad femenina y la sororidad en un entorno hostil.
En definitiva, Retrato de una bruja es una pieza magistral que destaca por su prosa lírica y su capacidad para convertir el entorno natural en un personaje vivo. La obra trasciende la crónica rural para plantear una pregunta universal sobre la libertad individual frente a la opresión del mito colectivo. Es una lectura fascinante que envuelve al lector en su atmósfera sugerente, dejando una huella de inquietud y belleza que perdura mucho después de cerrar sus páginas, recordándonos que los verdaderos fantasmas suelen habitar en la intolerancia de los vivos.


4.5/5

domingo, 22 de agosto de 2021

El conde Lucanor del infante Don Juan Manuel

El conde Lucanor
es una obra narrativa de la literatura española medieval escrita entre 1330 y 1335 por el infante Don Juan Manuel. Su título completo y original en castellano medieval es Libro de los enxiemplos del Conde Lucanor et de Patronio (Libro de los ejemplos del conde Lucanor y de Patronio).
El libro está compuesto por cinco partes, la más conocida de las cuales es una serie de 51 exempla o cuentos moralizantes tomados de varias fuentes, como Esopo y otros clásicos, así como de cuentos tradicionales árabes. La «Historia del Deán de Santiago y el mago de Toledo» (cuento XI) tiene semejanzas con cuentos tradicionales japoneses y la historia de una mujer llamada Doña Truhana (cuento VII) -el «Cuento de la lechera», pero ligeramente variado- ha sido identificada por Max Müller como originada en el ciclo hindú Pancha-tantra.
El propósito didáctico y moral es la marca del libro. El conde Lucanor empieza la conversación con su consejero Patronio planteándole un problema («Un hombre me ha hecho una propuesta...» o «Temo que tal o cual persona intenta...») y solicita consejo para resolverlo. Patronio siempre responde con gran humildad, asegurando no ser necesario dar consejo a una persona tan ilustre como el conde, pero ofreciéndose a contarle una historia de la que este podrá extraer una enseñanza para resolver su problema. Los cuentos son exempla, género asentado en la tradición literaria medieval.


RESEÑA

La cumbre de la sabiduría práctica y el arte de narrar

Escrita en el siglo XIV por el infante don Juan Manuel, esta obra fundamental de la literatura medieval española se presenta como un tratado de educación política y moral bajo una estructura narrativa brillante y entretenida. La trama sigue un esquema constante: el joven conde Lucanor, ante los problemas y dudas que le surgen en el gobierno de sus tierras, busca el consejo de su fiel y sabio sirviente Patronio. Este, en lugar de darle una respuesta directa, le narra un “ejemplo” o cuento moral que ilustra una situación similar, permitiendo que el conde extraiga la lección por sí mismo y la aplique a su realidad.
La genialidad de la obra reside en su increíble variedad temática y en la habilidad del autro para adaptar fuentes de diversas culturas —árabe, clásica y cristiana— a la mentalidad de su tiempo. A través de sus cincuenta y un cuentos, desfilan personajes memorables y situaciones que van desde la picaresca y el humor hasta la reflexión filosófica más profunda. El autor no solo busca instruir, sino también deleitar, utilizando una prosa castellana que destaca por su claridad, precisión y un ritmo ágil que ha permitido que historias como la del “mancebo que casó con mujer muy fuerte y muy brava” o  la del “deán de Santiago y don Illán” sigan vigentes siglos después.
En definitiva, El conde Lucanor es un testimonio fascinante del despertar de la conciencia literaria individual y una guía atemporal sobre la prudencia y el entendimiento humano. Don Juan Manuel logra sintetizar la sabiduría de su época en un formato accesible y cautivador, cerrando cada relato con un pareado que resume la moraleja. Es una lectura esencial que demuestra que, a pesar del paso del tiempo, las preocupaciones del ser humano sobre la lealtad, el poder y la justicia apenas han cambiado.


5/5

domingo, 15 de agosto de 2021

Jennie de Douglas Preston

El doctor Hugo Archibald, del Museo de Historia Natural de Boston, encuentra un monito huérfano en un viaje de investigación a África. Decide llevarse a Jennie, pues así llama a la chimpancé, de vuelta a casa para criarla junto a sus hijos, como si fuera un experimento científico.
Jennie cautiva a todos los que la conocen. Se ve a sí misma como un ser humano y se comporta como haría cualquier otra niña, desde montar en triciclo hasta pelearse con sus hermanos por el mando de la tele, pasando por aprender el lenguaje de signos para comunicarse. Pero cuando alcanza la madurez sexual, su vida y la de quienes la rodean cambiará radicalmente. Su lucha por la libertad abrirá interrogantes oscuros, y las soluciones científicas no son a veces las más éticas...
Jennie es una original novela, a la vez cálida y tenebrosa, que transmite una mirada muy cercana a una especie que comparte el 98 por ciento de nuestro ADN. Y lo que es más, nos obliga a preguntarnos qué significado encierran palabras como evolución, sociedad, amor, sufrimiento o humanidad.


RESEÑA

Un conmovedor y trágico espejo de la condición humana

En esta ocasión, Douglas Preston se aleja de sus thrillers de acción habituales para entregarnos una historia profundamente emotiva y científica sobre los límites de la comunicación entre especies. La trama comienza cuando el doctor Hugo Archibald, un antropólogo en expedición por África, decide rescatar a una cría de chimpancé cuya madre ha muerto y llevarla consigo a su hogar en Estados Unidos. Bautizada como Jennie, la pequeña se integra en la familia Archibald como un miembro más, convirtiéndose en el centro de un ambicioso experimento para demostrar que los grandes simios pueden aprender el lenguaje de signos y desarrollar una complejidad emocional similar a la humana.
La novela destaca por la maestría con la que Preston describe el crecimiento de Jennie y su fascinante evolución intelectual. A través de una estructura que simula informes científicos, diarios personales y entrevistas, somos testigos de momentos de una ternura desbordante, pero también de una tensión creciente. Conforme Jennie alcanza la madurez, su naturaleza salvaje empieza a chocar inevitablemente con las restricciones de la vida suburbana y las expectativas de la ciencia. El autor utiliza esta conflicto para plantear dilemas éticos desgarradores sobre la responsabilidad del hombre al intervenir en el mundo natural y el aislamiento de un ser que no pertenece completamente a ningún mundo.
En conclusión, Jennie es una obra poderosa que trasciende el experimento científico para convertirse en una parábola sobre la empatía y la pérdida. Preston logra que nos enamoremos de la protagonista, lo que hace que el desenlace se aún más impactante y reflexivo. Es una lectura imprescindible para quienes buscan una historia que combine rigor biológico con una carga humana capaz de cuestionar qué es lo que realmente nos define como personas. Una novela valiente que deja una huella duradera y una profunda tristeza por la belleza de lo que pudo haber sido.


4.5/5

sábado, 7 de agosto de 2021

Patria de Fernando Aramburu

El día en que ETA anuncia el abandono de las armas, Bittori se dirige al cementerio para contarle a la tumba de su marido el Txato, asesinado por los terroristas, que ha decidido volver a la casa donde vivieron. ¿Podrá convivir con quienes la acosaron antes y después del atentado que trastocó su vida y la de su familia? ¿Podrá saber quién fue el encapuchado que un día lluvioso mató a su marido, cuando volvía de su empresa de transportes? Por más que llegue a escondidas, la presencia de Bittori alterará la falsa tranquilidad del pueblo, sobre todo de su vecina Miren, amiga íntima en otro tiempo, y madre de Joxe Mari, un terrorista encarcelado y sospechoso de los peores temores de Bittori. ¿Qué pasó entre esas dos mujeres? ¿Qué ha envenenado la vida de sus hijos y sus maridos tan unidos en el pasado? Con sus desgarros disimulados y sus convicciónes inquebrantables, con sus heridas y sus valentías, la historia incandescente de sus vidas antes y después del cráter que fue la muerte del Txato, nos habla de la imposibilidad de olvidar y de la necesidad de perdón en una comunidad rota por el fanatismo político.

Premio Nacional de Narrativa de España 2017
Premio de la Crítica de Narrativa Castellana 2016
Premio Francisco Umbral al libro del año 2016


RESEÑA

Un fresco imprescindible sobre el dolor, el perdón y la fractura social

La novela de Fernando Aramburu se alza como una de las obras más determinantes de la literatura contemporánea en español al abordar, con una sensibilidad descarnada, el impacto del terrorismo de ETA en la sociedad vasca. La historia se dispara con el anuncio del cese definitivo de la violencia, momento en el que Bittori decide regresar al pueblo donde asesinaron a su marido, el “Txato”, para buscar respuestas y un perdón que nunca llegó. Su regreso actúa como el catalizador que reabre las heridas de dos familias que, habiendo sido uña y carne en el pasado, terminaron separadas por el odio ideológico y el silencio cómplice de una comunidad atenazada por el miedo.
Lo que hace de esta obra una pieza excepcional es su estructura narrativa, que se mueve adelante y atrás en el tiempo para reconstruir la vida cotidiana de sus protagonistas durante tres décadas. Aramburu no se centra únicamente en el atentado, sino en las consecuencias invisibles: el vacío de las víctimas, la radicalización de los hijos, la amargura de las madres y la asfixia social de un pueblo donde señalar al vecino era la norma. La prosa, directa y sin artificios, logra captar las voces y los pensamientos más íntimos de los personajes, permitiendo que el lector comprenda la complejidad de un conflicto donde no hay héroes, sino seres humanos profundamente dañados por la intolerancia.
En definitiva, Patria es un ejercicio de memoria colectiva que trasciende lo político para centrarse en lo ético. A través de un ritpo pausado pero implacable, la novela conduce hacia una resolución que no busca la revancha, sino la posibilidad de una convivencia futura basada en la verdad. Es una lectura poderosa y necesaria que retrata con maestría cómo el fanatismo puede destruir el tejido de una familia y cómo, a pesar de todo, la humanidad intenta abrirse paso entre las cenizas del rencor.


5/5