Pepe Carvalho se enfrentó también a uno de los enigmas más inquietantes de la España democrática: el de Luis Roldán, director de la Guardia Civil, fugitivo de la justicia y durante un tiempo tal vez vivo o tal vez muerto, tal vez oculto aquí u oculto allá, nadie lo sabía. Todo un desafío para la habitual perspicacia de Carvalho, que Vázquez Montalbán cuenta al lector con su habitual sentido del humor, en un tema novelesco brindado como nunca por la realidad.
RESEÑA
La realidad supera a la ficción
En Roldán, ni vivo ni muerto, Manuel Vázquez Montalbán demuestra una vez más que la crónica periodística y la novela negra son dos caras de la misma moneda. Publicada originalmente en 1994, la obra aborda de manera inmediata e implacable uno de los episodios de corrupción e impunidad más esperpénticos de la España de los noventa: la huida de la justicia de Luis Roldán, quien fuera el director de la Guardia Civil.
La trama arranca de forma lineal cuando la actualidad nacional invade por completo el despacho de Pepe Carvalho. Ante el desconcierto general de un país que se pregunta dónde se esconde el prófugo, el detective barcelonés asume el reto de seguir su pista. A través de esta premisa, Montalbán no construye un simple juego de intriga, sino una farsa satírica cargada de humor negro que parodia el esperpento político y los fallos de seguridad de las cloacas del Estado, planteando la gran duda de si el fugitivo se encuentra verdaderamente huido, oculto por altas esferas o eliminado del mapa.
El estilo del autor prescinde aquí de las investigaciones pausadas para abrazar la inmediatez de la “novela-crónica”, utilizando personajes reales de la política contemporánea disfrazados bajo la aguda ironía del autor. Como es costumbre en la saga, Carvalho sobrelleva el desolador panorama ético del país quemando libros y buscando consuelo en las elaboraciones culinarias de Biscuter, funcionando como el único bastión de cordura frente a una sociedad anestesiada por los escándalos mediáticos. La prosa destaca por su agilidad y por una mordacidad implacable que retrata las contradicciones morales de la época.
En conclusión, Roldán, ni vivo ni muerto es una obra descarada, valiente y profundamente ligada a la historia reciente que expone las flaquezas de un sistema democrático puesto a prueba. Es una lectura ágil, ideal para comprender el papel de Vázquez Montalbán como la gran conciencia crítica del fin de siglo. Una pieza satírica indispensable que demuestra cómo, a veces, la realidad política española resulta mucho más inverosímil que cualquier ficción criminal.
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