sábado, 23 de junio de 2018

El hombre que amaba a los perros de Leonardo Padura

En 2004, a la muerte de su mujer, Iván, aspirante a escritor y ahora responsable de un paupérrimo gabinete veterinario de La Habana, vuelve los ojos hacia un episodio de su vida, ocurrido en 1977, cuando conoció a un enigmático hombre que paseaba por la playa en compañía de dos hermosos galgos rusos. Tras varios encuentros, «el hombre que amaba a los perros» comenzó a hacerlo depositario de unas singulares confidencias que van centrándose en la figura del asesino de Trotski, Ramón Mercader, de quien sabe detalles muy íntimos. Gracias a esas confidencias, Iván puede reconstruir las trayectorias vitales de Liev Davídovich Bronstein, también llamado Trotski, y de Ramón Mercader, también conocido como Jacques Mornard, y cómo se convierten en víctima y verdugo de uno de los crímenes más reveladores del siglo XX. Desde el destierro impuesto por Stalin a Trotski en 1929 y el penoso periplo del exiliado, y desde la infancia de Mercader en la Barcelona burguesa, sus amores y peripecias durante la Guerra Civil, o más adelante en Moscú y París, las vidas de ambos se entrelazan hasta confluir en México. Ambas historias completan su sentido cuando sobre ellas proyecta Iván sus avatares vitales e intelectuales en la Cuba contemporánea y su destructiva relación con el hombre que amaba a los perros.


RESEÑA

Una obra maestra sobre las utopías rotas

El hombre que amaba a los perros no es solo una novela, es una experiencia histórica y emocional demoledora. Leonardo Padura logra enrtrelazar tres hilos narrativos con una maestría asombrosa: la vida de un Iván frustrado en la Cuba contemporánea, el ascenso y exilio de León Trotsky, y la transformación de Ramón Mercader en el asesino que cambiaría la historia.
Lo que más impacta es cómo Padura utiliza el género negro para explorar la gran tragedia del siglo XX: la perversión de los ideales y la destrucción de la libertad en nombre de la política. Es un libro denso, pero absorbente, que te obliga a reflexionar sobre el miedo, la traición y el peso de la historia sobre los individuos comunes.
Si buscas una lectura que te desafíe, que esté impecablemente documentada y que te deje pensando días después de cerrarla, esta es la elección correcta. Imprescindible.


5/5

jueves, 7 de junio de 2018

Pasos sin huellas de Fernando Bermúdez de Castro

Martín Cánel, todo un señorito español que acude a las prestigiosas instituciones británicas para labrarse un prometedor futuro, llega con su divertido y sarcástico sentido de la vida a Londres, acompañado únicamente de su buen amigo, Antonio Ordovás. En este escenario irrumpe la señorita Huguette de Guenard.

Premio Planeta 1958


RESEÑA

El vacío del éxito en un mundo sin fronteras

Con Pasos sin huellas, Bermúdez de Castro se alejó de los escenarios rurales y el realismo tradicional de la España de los 50 para ofrecer una novela de corte internacional, elegante y profundamente introspectiva. Es una historia que reflexiona sobre la ambición, el desarraigo y la dificultad de dejar una marca real en la vida de los demás.
Lo mejor de la novela es su personaje central y su periplo vital. Seguimos la trayectoria de un hombre que, buscando el éxito y huyendo de sus orígenes, recorre ciudades como París, Londres o Nueva York. El autor logra plasmar magistralmente esa sensación de “extranjero eterno”: alguien que está en todas partes pero no pertenece a ninguna. Es un retrato muy lúcido de la burguesía intelectual y económica de la época, mostrando que detrás del brillo de la vida cosmopolita a menudo se esconde una soledad abrumadora.
La prosa de Bermúdez de Castro es cuidada, fluida y posee un tono algo melancólico que encaja perfectamente con el título. A diferencia de otros autores de su generación, su estilo es más pausado y analítico, centrándose en los procesos internos del protagonista. La estructura de la novela, que avanza a través de diferentes escenarios y etapas, permite ver la evolución (o involución) de un hombre que va perdiendo su esencia a medida que gana estatus social.
Pasos sin huellas es una lectura sofisticada que ha envejecido sorprendentemente bien debido a su temática universal. Habla de la búqueda de uno mismo en un mundo que nos empuja a ser lo que no somos. Es una obra ideal para quienes disfrutan de las novelas de personajes complejos y de las historias que exploran la geografía emocional del éxito y el fracaso.


4/5

sábado, 2 de junio de 2018

Vida y destino de Vasili Grossman

Vida y destino 2

Vida y destino consigue emocionar, conmover y perturbar al lector desde la primera línea y resiste -si no supera- la comparación con otras obras maestras como Guerra y paz o Doctor Zhivago. En la batalla de Stalingrado, el ejército nazi y las tropas soviéticas escriben unba de las páginas más sangrientas de la historia. Pero la historia también está hecha de pequeños retazos de vida de la gente que lucha para sobrevivir al terror del régimen estalinista y al horror del exterminio en los campos, para que la libertad no sea aplastada por el yugo del totalitarismo, para que el ser humano no pierda su capacidad de sentir y amar. En la literatura hay pocas novelas que hayan logrado transmitir esto con tanta intensidad. Vida y destino es una novela de guerra, una saga familiar, una novela política, una novela de amor. Es todo esto y mucho más. Vasili Grossman aspiraba quizás a cambiar el mundo con su novela, pero lo que es seguro es que Vida y destino le cambia la vida a quien se adentra en sus páginas.


RESEÑA

El monumento literario a la libertad y el espíritu humano

Vida y destino no es solo un libro; es un milagro literario. Confiscado por el KGB bajo la premisa de que “no podría publicarse en doscientos años”, el manuscrito sobrevivió en microfilme para darnos el retrato más profundo, terrible y hermoso de la lucha contra el totalitarismo. Vasili Grossman compuso aquí la gran novela sobre la batalla de Stalingrado y, por extensión, sobre la esencia del ser humano.
Lo más sobrecogedor de la obra es su capacidad para comparar los dos grandes horrores del siglo XX: el estalinismo y el nazismo. Grossman, que fue testigo directo como corresponsal, utiliza el destino de la familia Sháposhnikov para explorar campos de concentración, laboratorios científicos y los pasillos del Kremlin. Su tesis es tan sencilla como revolucionaria: frente a la deshumanización de los grandes sistemas estatales, solo sobrevive la “pequeña bondad cotidiana”, ese acto irracional de amor o piedad que ninguna ideología puede someter.
Siguiendo la estela de Tolstói, la narrativa es coral y abarca cientos de personajes. Sin embargo, Grossman logra que cada uno tenga una voz propia y una verdad interna. Pasajes como la carta de la madre de Viktor Shtrum desde el gueto judío o las reflexiones de los soldados en la “Casa de Grekov” son de una potencia emocional que difícilmente se encuentra en otros autores. Su prosa es clara, directa y está cargada de una urgencia moral que busca la verdad por encima de cualquier adoctrinamiento.
Es una lectura exigente por su extensión y por la dureza de lo que narra, pero es una experiencia que transforma al lector. Vida y destino es un canto a la libertad individual y un recordatorio de que, incluso en las condiciones más extremas, el hombre puede elegir ser humano. Una obra maestra absoluta que debería ser leída por cualquier persona que quiera entender el alma del siglo pasado.


5/5

Por una causa justa de Vasili Grossman

Vida y destino 1

En febrero de 1943, la batalla de Stalingrado abre el camino a la derrota de la Alemania nazi. En ese momento, tras haber asistido a los combates como corresponsal de Estrella Roja, Grossman emprende su fresco novelístico sobre la batalla de Stalingrado, Por una causa justa, cuya segunda entrega se convertirá en la mundialmente aclamada Vida y destino.
Cuando escribe Por una causa justa, Grossman es un hombre destruido por la guerra. Su hijo ha muerto en el frente y su madre ha sido asesinada en el gueto. Publicada finalmente en 1952, la novela transcurre durante el primer año de la entrada de las tropas nazis en el territorio soviético. Sus personajes principales componen un mosaico de lo que era la sociedad soviética del momento. El fanático Abarchuk, el comisario Krímov, el viejo marxista Mostovskói, el científico Shtrum, el coronel Nóvikov, y Aleksandra Sháposhnikova, cuya vitalidad triunfará sobre el mal y la muerte, se interrogan sobre la viabilidad del comunismo y el porqué del fascismo mientras luchan por sobrevivir a los horrores de la guerra.
Como en Vida y destino, también aquí, a pesar de la muerte, de los lamentos de los heridos, de las mentiras y las traiciones, Grossman llena su mundo de dicha y bondad, porque, como dice él mismo, «el mal permanece imperturbable desde que el mundo es mundo pero por doquier crece la bondad como se expande el grano de mostaza».
En palabras de Antonio Muñoz Molina, el milagro de Grossman es «resumir el mundo en un solo relato. Cuenta lo que vio durante sus años como corresponsal en el frente junto al Ejército Soviético pero también lo que no pudo ver nadie, porque está más allá de la experiencia de los vivos».


RESEÑA

El preludio épico de una obra maestra

Si Vida y destino es el Guerra y paz del siglo XX, Por una causa justa es el cimiento imprescindible sobre el que se levanta ese monumento. Vasili Grossman combina aquí su experiencia como corresponsal de guerra con una sensibilidad humana que convierte el coflicto bélico en un tapiz de miles de vidas cruzadas.
Lo más impresionante es la escala humana. Grossman no se limita a narrar movimientos de tropas o estrategias militares; se mete en las cocinas de las familias rusas, en los laboratorios de los científicos y en las trincheras de los soldados rasos. La familia Sháposhnikov vuelve a ser el eje central, permitiéndonos ver cómo la macrohistoria de la invasión nazi desgarra la microhistoria de los afectos. Es una novela que respira verdad porque cada detalle, desde el frío del Volga hasta el olor del rancho, fue vivido por el autor.
Aunque esta novela tuvo que pasar el filtro de la censura soviética (a diferencia de su continuación), la grandeza de Grossman brilla en su capacidad para retratar la resistencia del espíritu. Su estilo es realista, denso y profundamente descriptivo. No busca el heroísmo de cartón piedra; busca la dignidad en medio del desastre. Los pasajes que describen el avance alemán hacia el Volga son de una tensión narrativa que solo alguien que estuvo en el frente podría recrear con tanta precisión.
Es una lectura obligatoria para quienes quieran completar el fresco histórico más importante de la Segunda Guerra Mundial. Aunque es un libro extenso, su ritmo pausado y su riqueza de personajes recompensan al lector con una experiencia inmersiva. Es el testimonio de un pueblo que, ante la aniquilación, decidió mantenerse en pie. Una obra inmensa que sirve de puerta de entrada al universo literario y ético de Grossman.


5/5