En febrero de 1943, la batalla de Stalingrado abre el camino a la derrota de la Alemania nazi. En ese momento, tras haber asistido a los combates como corresponsal de Estrella Roja, Grossman emprende su fresco novelístico sobre la batalla de Stalingrado, Por una causa justa, cuya segunda entrega se convertirá en la mundialmente aclamada Vida y destino.
Cuando escribe Por una causa justa, Grossman es un hombre destruido por la guerra. Su hijo ha muerto en el frente y su madre ha sido asesinada en el gueto. Publicada finalmente en 1952, la novela transcurre durante el primer año de la entrada de las tropas nazis en el territorio soviético. Sus personajes principales componen un mosaico de lo que era la sociedad soviética del momento. El fanático Abarchuk, el comisario Krímov, el viejo marxista Mostovskói, el científico Shtrum, el coronel Nóvikov, y Aleksandra Sháposhnikova, cuya vitalidad triunfará sobre el mal y la muerte, se interrogan sobre la viabilidad del comunismo y el porqué del fascismo mientras luchan por sobrevivir a los horrores de la guerra.
Como en Vida y destino, también aquí, a pesar de la muerte, de los lamentos de los heridos, de las mentiras y las traiciones, Grossman llena su mundo de dicha y bondad, porque, como dice él mismo, «el mal permanece imperturbable desde que el mundo es mundo pero por doquier crece la bondad como se expande el grano de mostaza».
En palabras de Antonio Muñoz Molina, el milagro de Grossman es «resumir el mundo en un solo relato. Cuenta lo que vio durante sus años como corresponsal en el frente junto al Ejército Soviético pero también lo que no pudo ver nadie, porque está más allá de la experiencia de los vivos».
RESEÑA
El preludio épico de una obra maestra
Si Vida y destino es el Guerra y paz del siglo XX, Por una causa justa es el cimiento imprescindible sobre el que se levanta ese monumento. Vasili Grossman combina aquí su experiencia como corresponsal de guerra con una sensibilidad humana que convierte el coflicto bélico en un tapiz de miles de vidas cruzadas.
Lo más impresionante es la escala humana. Grossman no se limita a narrar movimientos de tropas o estrategias militares; se mete en las cocinas de las familias rusas, en los laboratorios de los científicos y en las trincheras de los soldados rasos. La familia Sháposhnikov vuelve a ser el eje central, permitiéndonos ver cómo la macrohistoria de la invasión nazi desgarra la microhistoria de los afectos. Es una novela que respira verdad porque cada detalle, desde el frío del Volga hasta el olor del rancho, fue vivido por el autor.
Aunque esta novela tuvo que pasar el filtro de la censura soviética (a diferencia de su continuación), la grandeza de Grossman brilla en su capacidad para retratar la resistencia del espíritu. Su estilo es realista, denso y profundamente descriptivo. No busca el heroísmo de cartón piedra; busca la dignidad en medio del desastre. Los pasajes que describen el avance alemán hacia el Volga son de una tensión narrativa que solo alguien que estuvo en el frente podría recrear con tanta precisión.
Es una lectura obligatoria para quienes quieran completar el fresco histórico más importante de la Segunda Guerra Mundial. Aunque es un libro extenso, su ritmo pausado y su riqueza de personajes recompensan al lector con una experiencia inmersiva. Es el testimonio de un pueblo que, ante la aniquilación, decidió mantenerse en pie. Una obra inmensa que sirve de puerta de entrada al universo literario y ético de Grossman.
5/5
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