martes, 27 de febrero de 2018

La respuesta del ángel de Gitta Mallasz

En Hungría, en 1943, ante el antisemitismo y el horror de la guerra mundial, cuatro jóvenes: tres judíos (Lili, Hanna y József) y una cristiana, (Gitta) se cuestionan sobre el sentido de los acontecimientos que están viviendo. Ninguno de ellos es practicante de su religión pero los cuatro son buscadores de la verdad. Ante su lacerante pregunta vital, una tarde de viernes, empiezan a experimentar una presencia luminosa que les llega a través de Hanna. Durante diecisiete meses reciben una enseñanza que les va guiando a la nueva consciencia. Mueren los tres judíos, víctimas de la persecución y se salva Gitta, consciente de su misión de transmitir este mensaje al mundo. Se trata de una comprensión nueva hacia la gran primavera de la Humanidad.


RESEÑA

Entre el misticismo vago y la desconexión histórica

La respuesta del ángel se presenta como un documento espiritual único: las transcripciones de supuestos diálogos con entidades angélicas mantenidos por cuatro amigos de la Hungría de 1943, en pleno horror nazi. Sin embargo, lo que promete ser un testimonio de luz en la oscuridad acaba resultando, para un lector crítico, una amalgama de mensajes crípticos y abstractos que esquivan la realidad que los rodeaba.
El principal problema del libro es su vaguedad narrativa. A pesar de estar escrito en uno de los contextos más atroces de la historia humana (tres de los cuatro protagonistas eran judíos y terminaron en campos de concentración), los “mensajes de los ángeles” son extrañamente distantes y poéticos. Se echa en falta una conexión real con el sufrimiento humano de aquel momento; en su lugar, encontramos una filosofía de “nueva era” (New Age) avant la lettre que resulta repetitiva, densa y, en ocasiones, pretenciosa.
La lectura se hace cuesta arriba debido a una estructura fragmentada y a un lenguaje cargado de simbolismos que a menudo no conducen a ninguna conclusión práctica. Las “enseñanzas” son tan abiertas a la interpretación que acaban por no decir nada concreto, lo que genera una sensación de vacío a medida que avanzan las páginas. Además, el tono mesiánico de Gitta Mallasz (la única superviviente y encargada de dar a conocer el texto décadas después) puede sentirse más como un ejercicio de autojustificación espiritual que como un documento histórico fiable.
Es un libro que solo recomendaría a personas muy interesadas en el esoterismo o la canalización espiritual. Para quien busque un testimonio profundo sobre la resistencia o la fe durante el Holocausto, este texto resultará frustrante por su falta de anclaje en la realidad y su lenguaje críptico. Al final, el misterio que rodea a las sesiones parece tener más peso que el contenido real de los mensajes.


1/5

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