El contenido de este libro es un mensaje de amor para toda la humanidad.
No importa cómo ha sido recibido ni de quién viene. Lo que importa es el contenido del mensaje. Eres libre de hacer lo que quieras con él, desde ignorarlo, criticarlo, censurarlo, hasta aplicártelo a tu propia vida.
Es un mensaje escrito con el corazón para el corazón, tu corazón.
Mi esperanza es que te sirva para conocerte, para despertar tus sentimientos, para liberarte de tu parte egoísta, para comprender el motivo de tu vida, de las cosas que te han ocurrido y te ocurren.
Para que tengas esperanza, para que comprendas mejor a los demás y llegues algún día a quererlos, para que entiendas el mundo en el que vives, para que puedas sacar hasta de la mayor desgracia el mayor provecho para tu evolución en el amor. En definitiva, para que seas tú mismo, libre, consciente para experimentar el amor auténtico, el amor incondicional y que seas, por tanto, más feliz.
RESEÑA
Dogmatismo disfrazado de espiritualidad
Las leyes espirituales, de Vicent Guillem, se presenta como una guía reveladora sobre el funcionamiento del universoy el alma a través de un supuesto diálogo con una entidad superior. Sin embargo, lo que promete ser un camino hacia la iluminación acaba resultando un texto cargado de afirmaciones gratuitas, falta de lógica y un tono excesivamente paternalista.
El principal problema del libro es su falta total de base. El autor utiliza el recurso del “diálogo con un espíritu” para lanzar juicios categóricos sobre la vida, la enfermedad y la muerte sin aportar más prueba que su propia palabra. Este enfoque impide cualquier tipo de debate o reflexión crítica: o te crees lo que dice por fe ciega, o el texto carece de valor. Además, cae en la peligrosa tendencia de simplificar problemas humanos complejos (como el sufrimiento o la enfermedad) atribuyéndolos a “lecciones espirituales” o deudas de vidas pasadas, lo cual puede resultar insensible para quienes atraviesan situaciones difíciles.
La narrativa es repetitiva y el lenguaje es extremadamente plano. El libro abusa de conceptos vagos y clichés de la literatura de autoayuda y New Age que no profundizan en nada nuevo. A ratos, el tono del “espíritu” resulta condescendiente, tratando al lector como alguien que carece de entendimiento básico, lo que hace que la lectura sea tediosa y poco estimulante desde el punto de vista intelectual.
Es un libro que solo convencerá a quienes ya están plenamente inmersos en estas creencias y no cuestionan el origen de la información. Para un lector que busque una espiritualidad razonada, coherente o con una mínima base filosófica, este libro resultará una colección de simplismos y dogmas arbitrarios. Una obra prescindible que no aporta soluciones reales a las inquietudes del ser humano moderno.
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