En un laboratorio de máxima seguridad, aparece asesinado un científico con un extraño símbolo grabado a fuego en su pecho. Para el profesor Robert Langdon no hay duda: los Illuminati, los hombres enfrentados a la Iglesia desde los tiempos de Galileo, han regresado. Y esta vez disponen de la más mortífera arma que ha creado la humanidad, un artefacto con el que pueden ganar la batalla final contra su eterno enemigo.
RESEÑA
Una carrera frenética contra el reloj y la lógica
Antes del fenómeno de El código Da Vinci, Robert Langdon ya corría por las calles de Roma en Ángeles y demonios. Esta novela es el ejemplo perfecto de lo que Dan Brown ofrece: un “page-turner” adictivo que mezcla arte, ciencia y religión en una trama conspiranoica que no te deja respirar, aunque a veces requiera que el lector desconecte por completo su sentido común.
Lo mejor del libro es su ritmo cinematográfico. La estructura de capítulos cortos, casi todos terminados en un cliffhanger, hace que sea imposible dejar de leer. La ambientación en el Vaticano es fascinante y está llena de detalles sobre los Illuminati, el Cónclave y la arquitectura de Bernini que, aunque no siempre sean históricamente precisos, logran crear una atmósfera de misterio muy efectiva. Como novela de entretenimiento puro, cumple su función con creces: te mantiene en tensión durante las 24 horas en las que transcurre la acción.
El principal problema es la falta de verosimilitud. Brown abusa de las casualidades y de situaciones que desafían las leyes de la física (especialmente en el tramo final). Los personajes son bastante planos; Robert Langdon parece más un superhéroe que un profesor de simbología, y los villanos rozan la caricatura. Además, la fórmula de “acertijo-carrera-persecución” acaba resultando repetitiva a medida que avanza la saga, y la resolución de la trama puede sentirse forzada para quienes busquen un thriller con una base más sólida y menos artificio.
Es una lectura ideal para las vacaciones o para un viaje largo, donde lo que buscas es entretenimiento rápido y sin complicaciones. Si logras pasar por alto las imprecisiones históricas y los giros inverosímiles, disfrutarás de un viaje vibrante por las entrañas de la Iglesia. Una novela entretenida que funciona como un parque de atracciones literario: divertido mientras dura, pero fácil de olvidar una vez que te bajas.
3/5
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