Antes de morir asesinado, Jacques Saunière, el último Gran Maestre de na sociedad secreta que se remonta a la fundación de los Templarios, transmite a su nieta Sophie una misteriosa clave. Saunière y sus predecesores, entre los que se encontraban hombres como Isaac Newton o Leonardo Da Vinci, ha conservado durante siglos un conocimiento que puede cambiar completamente la historia de la humanidad. Ahora Sophie, con la ayuda del experto en simbología Robert Langdon, comienza la búsqueda de ese secreto, en una trepidante carrera que les lleva de una clave a otra, descifrando mensajes ocultos en los más famosos cuadros del pintor y en las paredes de antiguas catedrales. Un rompecabezas que deberán resolver pronto, ya que no están solos en el juego: una poderosa e influyente organización católica está dispuesta a emplear todos los medios para evitar que el secreto salga a la luz. Un apasionante juego de claves escondidas, sorprendentes revelaciones, acertijos ingeniosos, verdades, mentiras, realidades históricas, mitos, símbolos, ritos, misterios y suposiciones en una trama llena de giros inesperados, narrada con un ritmo imparable que conduce al lector hasta el secreto más celosamente guardado del inicio de nuestra era.
RESEÑA
El rompecabezas que detuvo al mundo, entre el ingenio y el artificio
Es imposible hablar de la literatura del siglo XXI sin mencionar El código Da Vinci. Dan Brown logró algo que pocos autores consiguen: convertir una novela en un debate global sobre la historia del arte y los cimientos de la Iglesia. Como thriller de entretenimiento, es una pieza de ingeniería casi perfecta, pero como obra literaria presenta grietas difíciles de ignorar.
Su mayor virtud es, sin duda, la capacidad de adicción. Brown maneja el suspense con una precisión quirúrgica, utilizando capítulos muy breves que obligan a leer “solo uno más”. La mezcla de simbología, códigos ocultos en obras de Leonardo y la reinterpretación del Santo Grial es fascinante y está presentada de una forma muy didáctica. Logra que el lector se sienta partícipe de una búsqueda del tesoro intelectual, convirtiendo museos y catedrales en escenarios de una aventura trepidante.
El punto débil reside en la pobreza de su estilo y la falta de realismo. La prosa de Brown es plana y funcional, sin grandes alardes, y los personajes carecen de una profundidad emocional real; se mueven más como piezas de un tablero que como seres humanos. Además, la trama depende de coincidencias asombrosas y de una suspensión de la incredulidad muy alta. A medida que avanza la historia, la fórmula se vuelve predecible y los giros finales, aunque impactantes, se siente algo forzados para cerrar todas las puertas que el autor abrió.
El código Da Vinci es el libro de “aeropuerto” definitivo: ideal para devorar en unos pocos días y disfrutar de una trama llena de secretos. Es una lectura muy amena que despierta la curiosidad por el arte y la historia, pero que no debe tomarse como una verdad histórica ni como una obra de gran calado literario. Un éxito de ventas incuestionable que cumple su función de entretener, pero que no resiste un análisis demasiado profundo.
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