La primera novela que trató en España la Guerra desde el punto de vista republicano fue obra de Ángel María de Lera que ya había escrito Los clarines del miedo (1958).
Las últimas banderas (1967), Premio Planeta de ese año, la protagoniza el capitán republicano Federico Olivares, que abandona la lucha ante la derrota. Sufre a sus propios partidarios y rechaza la posibilidad de huir. Lejos de su familia, su amante, Matilde, le propone salvarse con los nacionales. Olivares prefiere ingresar en prisión.
RESEÑA
La humanidad tras la derrota
Publicada en 1967 y galardonada con el Premio Planeta, Las últimas banderas es una de las crónicas más desgarradoras y honestas sobre el fin de la Guerra Civil. La novela no se detiene en el frente de batalla sino que nos sumerge en la asfixiante realidad de la derrota a través de Federico Olivares, un oficial republicano que termina recluido en una prisión improvisada tras la caída de Madrid. Desde el encierro, Lera construye un relato introspectivo sobre la espera, el miedo a las represalias y la desolación de los vencidos que, hacinados en condiciones precarias, ven cómo su mundo se desmorona definitivamente.
Lo más potente del libro es cómo retrata la vida carcelaria como un microcosmos de la tragedia nacional. En la prision, Olivares convive con una galería de personajes que representan todas las reacciones posibles ante el desastre: desde la desesperación absoluta hasta el estoicismo o la traición por supervivencia. A través de estas interacciones, el autor explora la pérdida de la libertad física, pero sobre todo la lucha por mantener la integridad moral en un entorno diseñado para la humillación. Es una obra que humaniza al bando derrotado, mostrando que tras las banderas y las siglas quedan hombres rotos que solo anhelan sobrevivir.
La narrativa de Lera destaca por un realismo crudo y sobrio, fruto en gran parte de sus propias vivencias en los penales de la posguerra. La prosa transmite con una fuerza asombrosa la monotonía del cautiverio, el hambore, la falta de noticias y la angustia de las sacas nocturnas. No hay espacio para el adorno; la fuerza de la novela reside en su autenticidad y en cómo logra que el lector sienta el frío de las celdas y el peso del silencio de los prisioneros. Es una escritura valiente que, en plena dictadura, se atrevió a dar voz a quienes habían sido borrados de la historia oficial.
En definitiva, Las últimas banderas es una lectura imprescindible para comprender el trauma que dejó la guerra en el alma de los supervivientes. Al situar la acción dentro de la prisión, Lera convierte la derrota en un proceso íntimo y doloroso que trasciende lo político. Es una novela sobre la resistencia espiritual y la búsqueda de sentido en medio del caos, que mantiene toda su vigencia como testimonio de paz y reconciliación. Un clásico necesario que nos recuerda que, incluso tras las rejas más gruesas, la dignidad humana es lo último que se debe entregar.
5/5
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