En esta nueva novela, Ángel María de Lera sigue fiel a sus constantes estéticas y formales en la interpretación del género novelesco, tan proclive, últimamente, a las más diversas y aún contradictorias elucubraciones teóricas.
Para Lera, novelar es contar una historia humana a través de unos personajes y un coro, pero transfigurada siempre por el toque de ese algo indefinible que se conoce como “factor novelesco” sin el cual no hay novela posible. Para ello, emplea un lenguaje claro, directo y sobrio, ligeramente tornasolado a veces por atenuadas irisaciones poéticas.
La noche sin riberas está contada a cuatro voces: la del narrador y la de sus tres principales personajes. Aquélla en tercera persona; y, éstas, en primera. Así la verdad real u objetiva se enriquece con su exégesis por parte de los sujetos que la viven más intensamente, sin que por ello se menoscaben su unidad y su continuidad. Es la tercera novela, con Las últimas banderas y Los que perdimos, de la tetralogía que Lera se ha propuesto escribir sobre la guerra y la posguerra españolas bajo la rúbrica comón de Los años de la ira y que culminará en Oscuro amanecer.
La noche sin riberas -noche total e infinita- recrea el período más triste y doloroso de la España contemporánea. Su autor viene a decirnos: «Aquello fue así, mal que nos pese. Sería inútil ignorarlo, porque se trata de hechos y circunstancias que nadie podrá sustraer de nuestra herencia común. Es mejor, pues, para todos que tomemos consciencia de ello, a fin de que sirva de experiencia aleccionadora e irrepetible en el futuro».
En otra ocasiones, Ángel María de Lera, opuesto sistemáticamente a la violencia y al odio, ha dicho que la mejor escuela novelista es el sufrimiento y que escribir es compadecer al hombrey ayudarle a conocerse a sí mismo y al mundo que le rodea. Y La noche sin riberas es su más alto tributo a estas verdades sinceramente profesadas y lúcidamente trascendidas por sus singulares dotes de narrador.
RESEÑA
El eco del silencio en las cárceles de la posguerra
Ángel María de Lera logra en La noche sin riberas una de las crónicas más sobrecogedoras sobre el cautiverio y la resistencia moral en la España de posguerra. Si en su obra anterior, Los que perdimos, el autor ya nos introducía en el trauma de la prisión como consecuencia inmediata de la derrota, en esta entrega convierte el recinto carcelario en el escenario absoluto de la existencia. Aquí la cárcel deja de ser una transición para transformarse en una “noche total” donde el tiempo se detiene y la lucha por la supervivencia se vuelve una rutina asfixiante. La obra funciona como un testimonio vivo y punzante de lo que significó el sistema penitenciario entre los años 1939 y 1942, un periodo marcado por el hacinamiento, el miedo constante a las sacas y la lucha diaria por no perder la cordura.
El gran acierto de esta novela reside en su estructura narrativa. A diferencia de otros relatos lineales, Lera utiliza una técnica de cuatro voces dende se alternan los testimonios directos de los protagonistas con la visión de un narrador externo. Esta polifonía permite al lector entrar en la psicología profunda de los prisioneros, compartiendo sus recuerdos, sus frustraciones y esa esperanza agónica que se convierte en el único motor para seguir vivo. Es una profundización necesaria en la vida intramuros que ya se esbozaba en la entrega anterior, pero explorada aquí con una intensidad mucho más psicológica y desgarradora, analizando cómo el individuo intenta reconstruir su identidad en un entorno diseñado para anularla por completo.
El estilo del autor huye del sentimentalismo fácil y del panfleto ideológico. Al haber vivido él mismo la experiencia del cautiverio, escribe con una sobriedad cortante y una honestidad que resulta casi insoportable por momentos. Los detalles sobre el hambre, el frío y la degradación humana están narrados con un realismo seco que no busca el espectáculo, sino la verdad. Sin embargo, entre tanta desolación, Lera deja espacio para los gestos de solidaridad y los vínculos de fraternidad que nacen en la miseria, elevando la historia a un plano existencial donde lo que se pone a prueba es la esencia misma del swer humano frente a la adversidad más extrema.
Leer La noche sin riberas hoy en día sigue siendo un ejercicio necesario de memoria y empatía. Es una obra que nos obliga a mirar de frente una parte de nuestra historia que durante décadas permaneció bajo llave, empliando el crudo retrato que comenzó en los títulos anteriores de la tetralogía. Con una prosa vigorosa y una capacidad de observación extraordinaria, Ángel María de Lera nos entrega un relato que trasciende la cronología histórica para convertirse en un canto a la libertad interior. Es, en definitiva, una lectura imprescindible para quien desee comprender la profundidad del trauma de la posguerra y el valor del silencio de toda una generación que se vio privada de su horizonte.
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