Con la noche a cuestas, galardonada con el Premio Planeta 1968, es un estudio psicológico, manifiestamente logrado, de sus principales personajes: dos hombres humildes que trabajan durante la noche en un barrio residencial de Sevilla. Uno es guarda de una obra; el otro, sereno de la demarcación. Un episodio que va adquiriendo intensidad y dramatismo a lo largo del relato los une a pesar de la divergencia de sus caracteres.
Con estas bazas, y con la aparición de personajes como Remedios, joven sirvienta de una fonda, el autor crea un clima realista y no exento de poesía en el que, al mismo tiempo, desarrolla su crítica a la pequeña sociedad que retrata.
RESEÑA
Crónica de una Sevilla nocturna
La novela Con la noche a cuestas, Manuel Ferrand se alzó con el Premio Planeta en 1968, es una pieza fundamental para entender la transición de la narrativa española hacia un realismo más psicológico y urbano. La historia nos sitúa en una Sevilla que empieza a despertar a la modernidad, concretamente en el barrio de Los Remedios, donde el asfalto y los nuevos edificios contrastan con las sombras de quienes los custodian. A través de la figura de un sereno y un guarda de obra, Ferrand construye un relato nocturno donde la ciudad no es solo un escenario, sino un ente vivo que marca el destino de sus habitantes.
Lo más destacable de esta obra es la maestría con la que el autor maneja el realismo social sin caer en el panfleto político. La narrativa se centra en la humanidad de sus protagonistas, hombres humildes que ven pasar la vida desde los márgenes de la nueva burguesía. La noche actúa aquí como un refugio y, a la vez, como un espejo que devuelve las soledades compartidas y los dramas silenciosos de una época marcada por las diferencias de clase. La prosa de Ferrand es elegante y precisa, capturando con una sesibilidad casi poética los sonidos y silencios de una ciudad que está dejando de ser pueblo para convertirse en metrópolis.
A pesar del paso de las décadas, la novela conserva una vigencia sorprendente gracias a su capacidad para retratar la dignidad humana frente a la adversidad. Es una lectura que invita a la reflexión sobre la invisibilidad de ciertos oficios y sobre cómo el progreso económico a menudo olvida las manos que lo construyen. Su reciente rescate editorial permite a las nuevas generaciones disfrutar de una trama cargada de una sutil sátira y una atmósfera impecable, consolidando a Manuel Ferrand como un observador agudo y compasivo de su tiempo.
4/5

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