¿Qué tienen en común la pequeña María, que vive en un pueblo recóndito de la Borgoña, y Clara, otra niña que, en la misma época, después de haber crecido en los Abruzos, es enviada a Roma para desarrollar su don prodigioso por la música? Muy poco, en apariencia.
Sin embargo, entre ellas existe un lazo secreto: cada una por medios muy diferentes, está en contacto con el mundo de los elfos, un mundo de arte, invención y misterio, y también de fusión con la naturaleza, que proporciona a la vida de los hombres su profundidad y belleza. Una gran amenaza, procedente de un elfo descarriado, pesa sobre la especie humana, y sólo María y Clara son capaces, a través de sus dones conjugados, de desbaratar sus planes. En La vida de los elfos Muriel Barbery crea un universo poético e inquietante, de un encanto profundo, que bebe del mundo de los cuentos y lo maravilloso para ofrecernos una novela extremadamente original.
Una novela sobre el poder de las historias, los sueños y la imaginación para construir un mundo mejor.
RESEÑA
Un laberinto de lirismo sin rumbo
Tras el arrollador éxito de La elegancia del erizo, Muriel Barbery regresó con unan propuesta que desconcertó a gran parte de su audiencia. La vida de los elfos abandona el realismo filosófico parisino para adentrarse en el terreno de la fantasía lírica, narrando la historia de dos niñas, María y Clara, conectadas con un mundo invisible y sobrenatural. Sin embargo, lo que prometía ser una fábula mágica sobre la naturalez ay el arte termina convirtiéndose en una lectura densa y, por momentos, impenetrable, donde la forma se impone de manera asfixiante sobre el fondo.
El principal obstáculo de la novela es su estilo narrativo. Barbery abusa de una prosa extremadamente ornamentada, cargada de adjetivación y metáforas complejas que, lejos de enriquecer la historia, lastran el ritmo de forma exasperante. La autora parece más preocupada por la construcción de frases estéticamente perfectas que por dotar de vida a sus personajes. Como resultado, la conexión emocional con las protagonistas es casi inexistente; María y Clara no se sienten como seres de carne y hueso, sino como meros instrumentos para que la autora despliegue su virtuosismo retórico.
En cuanto a la trama, la sensación de confusión es constante. La mitología de los elfos que plantea Barbery es abstracta y carece de las reglas claras que suelen sostener el género fantástico. El conflicto central se diluye en descripciones interminables de paisajes y sensaciones etéreas, provocando que el lector pierda el interés por el destino de un mundo que nunca llega a comprender del todo. La narrativa peca de una pretenciosidad que intenta elevar la fantasía a la categoría de alta literatura, pero se queda en un ejercicio contemplativo que olvida la importancia de contar una historia que atrape.
En definitiva, La vida de los elfos es una obra fallida que sacrifica la narrativa en el altar del lenguaje. Aunque contiene pasajes de una belleza plástica innegable, la experiencia global resulta tediosa y vacía de auténtica sustancia dramática. Es un libro que parece escrito para ser admirado por su técnica más que por ser disfrutado por sun contenido. Para quienes buscaban la calidez humana y la agudeza social de sus obras anteriores, este viaje al mundo de los espíritus resultará, muy probablemente, una decepción fría y distante.
2/5

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