lunes, 6 de noviembre de 2017

Pequeño teatro de Ana María Matute

Teatro de títeres: humildes muñecos movidos por la destreza de un anciano bondadoso... Pero seres humanos también, seres que palpitan y bullen en la ciudad, dejando al descubierto sus propias miserias, sus inclinaciones, sus reacciones... En torno a un adolescente desamparado, agítanse las pasiones de seres cuyas ruindades -fantochadas, hipocresía, ambición, crueldad, sueños engañosos- adquieren, a lo largo de la narración y por la lograda delimitación de los personajes, caracteres de símbolos, aunque sin perder en ningún momento su condición humana.

Premio Planeta 1954


RESEÑA

Marionetas de carne y hueso en un mundo de sombras

Pequeño teatro es una de esas obras que confirman por qué Ana María Matute es una de las voces más grandes de nuestras letras. Aunque fue una de sus primeras novelas, ya contiene todo ese universo mágico, cruel y melancólico que la caracteriza. Es una historia que se mueve entre la realidad más áspera y una estética de cuento oscuro.
Lo más fascinante es la atmósfera. La historia se desarrolla en Olar, un pueblo imaginario, oscuro y asfixiante, donde los personajes parecen estar movidos por hilos invisibles, como las marionetas del viejo Kepa. Matute tiene una capacidad prodigiosa para retratar la soledad, la hipocresía social y la pérdida de la inocencia. Los personajes no son simples figuras; son seres heridos, llenos de anhelos y frustraciones que chocan contra la realidad de un entorno cerrado y mezquino.
La prosa es deslumbrante. Matute no escribe, pinta con palabras. Su lenguaje es poético, detallista y cargado de simbolismo. A través de la mirada de los protagonistas, nos muestra un mundo donde la belleza y la fealdad conviven de forma desgarradora. No es una novela de grandes acciones externas, sino de una intensidad emocional interna que te atrapa por la garganta.
Pequeño teatro es una lectura imprescindible para entender la literatura de posguerra desde una óptica distinta, mucho más lírica y existencialista. Es un libro triste, sí, pero de una belleza tan cruda que resulta imposible olvidar. Si te gustan las historias donde el ambiente es un personaje más y donde se explora la psicología humana con delicadeza, esta obra te cautivará.


5/5

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