La guerra civil española se convierte en la pluma de Alberto Méndez en una colección de susurros, de historias contadas por fin con la boca abierta, sin eufemismos, y que desnudan fundamentalmente una inquietante verdad: después de toda aquella devastadora carnicería no hubo rastro de victoria alguna, no existió presunto héroe que no hubiese sido fatalmente derrotado. Los rumores broncos y las sílabas miedosas de aquel periodo forman en Los girasoles ciegos un pentagrama frágil, cuajado de notas perdidas y consonantes desgarradas que terminan por evocar una melodía, narrada en cuatro relatos que nos hablan de las vidas que fueron borradas, suprimidas.
El capitán Alegría, un miembro del ejército ganador que el día antes de la victoria se pasa al bando republicano; un joven poeta que huye con su chica embarazada y debe enfrentarse tempranamente al misterio último de la muerte; un preso que se resiste a ser fusilado cubierto de mentiras, y prefiere arrastrar consigo a la muerte los falsos y tranquilizadores recuerdos de los verdugos; y un niño que protege celosamente un secreto de las malvadas invectivas de un cura abrasado por la lascivia: los personajes de Méndez componen la memoria de una batalla sin victorias, se reivindican como los perdedores heroicos que toda guerra deja tras de sí. Porque la injusticia de la devastación en ocasiones sólo puede ser contrarrestada por un acto luminoso de justicia poética.
I Premio Setenil 2004
Premio de la Crítica de narrativa castellana 2004
Premio Nacional de Narrativa 2005
RESEÑA
La belleza dolorosa de los derrotados
Los girasoles ciegos no es solo un libro sobre la Posguerra española; es un ejercicio de justicia poética y una de las narraciones más conmovedoras sobre el silencio y el miedo. A través de cuatro historias cruzadas (o “derrotas”), Alberto Méndez logra dar voz a quienes la historia oficial intentó borrar, con una sensibilidad que desarma al lector.
Lo más brillantes de la obra es su estructura y humanidad. Cada relato es una pieza de un puzle que retrata la crueldad de la victoria y la dignidad de la derrota. Personajes como el capitán que renuncia a la victoria, el joven poeta que huye por los montes o el “topo” escondido en su propia casa (la historia que da título al libro) representan diferentes facetas de una misma tragedia: la imposibilidad de vivir en un mundo donde la luz ha sido prohibida.
La prosa de Méndez es contenida, sobria y de una elegancia desgarradora. No necesita grandes aspavientos para transmitir el horror; le basta con un detalle, un gesto o un silencio. Es una lectura que duele porque se siente real, pero que al mismo tiempo ofrece una belleza literaria que reconforta. La metáfora de los girasoles que, ante la falta de sol, se ciegan o se vuelven hacia la oscuridad, es de una potencia simbólica inolvidable.
Es una lectura obligatoria para entender no solo un periodo concreto de España, sino la capacidad humana para resistir en la sombra. Un libro breve pero inmenso que se lee con un nudo en la garganta y se termina con una profunda admiración. Una obra maestra necesaria para que la memoria no sea, ella también, una derrota.
5/5

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