sábado, 30 de septiembre de 2023

Diccionario de las cosas que no supe explicarte de Risto Mejide

En Utopía de un hombre que está casado, Borges pone en boca de un habitante del futuro las siguientes palabras: “La imprenta, ahora abolida, ha sido uno de los peores males del hombre, ya que tendió a multiplicar hasta el vértigo textos innecesarios.”
Se lee poco, per se escribe mucho. Y se publica demasiado. Si damos por bueno el argumento, difícil de refutar, podemos concluir que las contraportadas cumplen una misión higiénica fundamental: evitarnos leer lo que no nos hace falta leer. Que es casi todo. Repetimos el gesto a menudo. Una portada nos interesa por alguna razón. La mano se acerca al libro y le da la vuelta. Poco después devolvemos el volumen al anaquel.
Éste es un libro hecho de contraportadas. Cada una de las palabras que se intentan definir (sabiendo que definirlas es imposible) daría como mínimo para otro lado. Algunas para varios. Unas pocas para muchos, infinitos libros. El autor tiene la amabilidad y la sensatez de ahorrárnoslos.
La profundidad, al alcance de tan pocos, tiene un prestigio desmesurado que nos desalienta. Leer contraportadas nos convierte en seres superficiales, poco fiables para la tarea ineludible de encontrar una cura para el cáncer, pero buenos compañeros de mesa. De todos los libros que ha escrito Risto, y probablemente de todos los que escribirá, éste es el que mejor le explica. Sentir demasiada curiosidad por lo que nos rodea quizás no sea una virtud. Indudablemente no es un defecto. Risto, como este libro demuestra, es un señor que no sabe prácticamente nada de nada, y que nos lo advierte. Pero que luego, en vez de cicuta, se bebe un gin tonic.

Toni Segarra


RESEÑA

Ingenio y fragmentos de un ego compartido

Risto Mejide regresa con una propuesta que es, en esencia, puro Risto: una mezcla de vulnerabilidad, cinismo y una capacidad envidiable para el aforismo. Diccionario de las cosas que no supe explicarte no es una novela ni un ensayo convencional, sino un inventario emocional ordenado alfabéticamente donde el autor intenta dar significao a conceptos que, en su momento, se quedaron en el tintero.
Lo mejor del libro es su agilidad. Al estar estructurado en definiciones cortas, reflexiones y anécdotas fragmentadas, permite una lectura muy libre y dinámica. Mejide brilla cuando utiliza su “bisturí” dialéctico para diseccionar el amor, el desamor y la fama, regalando frases que son dardos directos al lector. Es un libro que se siente muy honesto, casi como si estuviéramos leyendo sus notas personales o sus pensamientos más íntimos frente al espejo.
Sin embargo, el libro también tiene sus sombras. En ocasiones, el autor cae en una excesiva autorreferencialidad que puede llegar a cansar a quien no sea un seguidor acérrimo de su figura pública. Algunas definiciones se sienten algo vacías o excesivamente sentimentales, rozando el estilo de los libros de autoayuda que él mismo solía criticar. Esa dualidad entre la brillantez del publicista y la melancolía del personaje romántico hace que el ritmo del libro sea algo desigual.
En conclusión, es una obra que entretiene y resuena, especialmente si has pasado por situaciones vitales similares a las del autor. No es un tratado literario profundo, pero tampoco lo pretende; es un ejercicio de desahogo creativo que gustará mucho a sus fans y que dejará con una sensación agridulce a quienes busquen algo más que frases ingeniosas para subrayar.


3/5

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