sábado, 15 de julio de 2023

La lengua de las serpientes de Michael Clynes

Roger Shallot 4

Durante el verano de 1523, Benjamin Daunbey y Roger Shallot reciben la orden de acudir a Londres para hacerse cargo de una difícil investigación, resolver la enigmática muerte de un diplomático florentino de paso por la corte, Francesco Abrizzi. Su cadáver ha sido hallado con un extraño disparo en la cabeza, y el rey Enrique VIII está firmemente determinado a desenmascarar a los culpables de este crimen brutal que pone en entredicho su hospitalidad y sus buenas relaciones con los Médici. Pero todo se tuerce desde el principio: el cirujano que debía colaborar con Shallot aparece muerto, antes incluso de llegar a Londres, y toda su misión estará pautada por acontecimientos sospechosos. No parece un caso excepcional en la carrera de Shallot, repleta de casos insólitos, pero su resolución puede dar un giro trascendental a la historia de Inglaterra (y a la de Europa).
Roger Shallot, descrito por The Times como el Flashman de la época de los Tudor, vuelve a inmiscuirse en asuntos diplomáticos, y eso siempre tiene resultados imprevisibles.


RESEÑA

Intrigas palaciegas a fuego lento

La lengua de las serpientes, de Michael Clynes, nos traslada a la convulsa Inglaterra de 1523. En un escenario dominado por la imponente figura de Enrique VIII, Roger Shallot y Benjamin Daunbey se ven arrastrados a Londres para resolver un entuerto diplomático: el asesinato de un enviado de los Médici. Lo que comienza como una investigación criminal pronto se convierte en una red de sospechas donde nadie, ni siquiera los aliados, parece estar a salvo.
La novela destaca, sobre todo, por su ambientación histórica. Clynes logra recrear con acierto la atmósfera de la corte, aunque decide alejarse del ritmo frenético de los thrillers modernos. Aquí, la historia discurre con parsimonia; las pistas no se amontonan, sino que se desarrollan con una calma que permite al lector empaparse del contexto de la época. Es una obra que se disfruta más por el “cómo” que por el “quién”, ideal para quienes no buscan una resolución vertiginosa, sino una evolución lógica de los hechos.
El punto más singular es, sin duda, Roger Shallot. Lejos del arquetipo de detective astuto que persigue huellas, Shallot actúa más como un acompañante que razona sobre la marcha. Su papel no es el de un investigador activo que “indaga” en el sentido estricto, sino el de un observador que intenta dar sentido al caos que se encuentra a su paso. Si bien esto puede hacer que la faceta policial pierda algo de fuerza o interés para los puristas del género, su interacción con el entorno histórico compensa la balanza.
En conclusión, es una lectura que entretiene y cumple, logrando el difícil equilibrio entre lo histórico y lo detectivesco sin ser magistral en ninguna de las dos. Pese a su ritmo pausado, la sensación final es que se hace corta, dejando un buen sabor de boca como novela de evasión bien documentada.


3/5

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