En 1521 es asesinado un alto dignatario de la embajada inglesa en París. Benjamin Daunbey y el díscolo Roger Shallot deberán trasladarse a París a investigar el asunto siguiendo las órdenes del cardenal Wolsey y cumplir una misión muy particular del rey Enrique VIII en la que deberán recuperar un anillo y un libro que bajo ningún concepto debe caer en manos de los franceses.
RESEÑA
Secretos de Estado y venenos mortales: Roger Shallot regresa a la acción
Si en su primera aventura ya nos quedó claro que la corte de Enrique VIII era un nido de víboras, en El cáliz envenenado Michael Clynes nos sumerge en una conspiración que trasciende fronteras. En esta ocasión, el irreverente Roger Shallot y su erudito compañero, Benjamin Daunbey, deben investigar una muerte imposible: el asesinato de un diplomático en una habitación custodiada y el misterio que rodea a una reliquia sagrada que parece llevar la muerte a quien la toca.
El gran acierto de esta novela sigue siendo la voz narrativa de Shallot. Su cinismo, su tendencia a la exageración y su visión poco romántica de la historia hacen que la lectura sea ágil y sumamente divertida. Es un soplo de aire fresco ver la historia no a través de los ojos de los reyes,sino de un superviviente que solo quiere salir ileso de los líos en los que le mete el Cardenal Wolsey.
La trama está impecablemente tejida. Clynes logra que el lector se sienta un detective más en un Londres brumoso y peligroso, donde las alianzas políticas con Francia y el Vaticano penden de un hilo. El misterio del “veneno” no es solo literal, sino metafórico: la ambición y la traición infectan cada rincón de la trama, llevando a un desenlace tan lógico como sorprendente.
Para los seguidores de la noela de misterio histórico, esta es una apuesta segura. Combina con maestría el rigor de la ambientación Tudor con el ritmo de un thriller moderno, demostrando que la saga de Michale Clynes es una de las más sólidas del género.
4/5
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