La novela presenta en su inicio cuatro historias paralelas de otros tantos personajes: un profesor universitario español que enseña en Alemania, un asesino profesional que también procede de ese país, un exlegionario que vive en Marsella y a quien también se encarga la misión de asesinar a alguien y un poderoso hombre de negocios de origen gallego. Todos ellos, junto con otras muchas figuras novelescas de carácter secundario, coinciden en la Costa del Sol, donde sus vidas se entrelazan caprichosamente por obra del azar. Manejando con cierto desenfado irónico y una evidente intención de parodia los temas habituales de la novela de intriga, con sus venganzas, sus asesinos a sueldo y las sorprendentes peripecias de la acción, Alfonso Grosso ha escrito un libro lleno de vida y de dinamismo en el que se injerta una aguda crítica de las situaciones españolas derivadas de la guerra civil.
El relato, que posee una innegable categoría literaria, interesa, sorprende y mantiene en vilo hasta su desenlace.
Finalista Premio Planeta 1976.
RESEÑA
El arte de la despedida consciente
La buena muerte, de Alfonso Grosso, se presenta como un ensayo de profunda carga introspectiva que aborda uno de los mayores tabúes de la humanidad. A través de una prosa que destila sensibilidad y lirismo, el autor nos invita a despojarnos de la visión puramente médica o física del fallecimiento para explorar sus dimensiones más íntimas. No es un texto que busque el impacto visual o el morbo, sino una pieza que utiliza la palabra como un puente hacia la comprensión de ese destino inevitable que a todos nos aguarda.
A lo largo de sus páginas, Grosso no se limita a exponer sus propias ideas, sino que entabla un diálogo con el pensamiento histórico y diversas experiencias humanas para contextualizar el fin de la existencia. El libro huye de las respuestas absolutas y las verdades dogmáticas; su verdadero valor reside en la creación de un espacio seguro para que el lector reflexione sobre sus propios temores y convicciones espirituales. Esta aproximación convierte la lectura en un viaje filosófico que cuestiona la manera en que nos relacionamos con la pérdida y el legado.
Finalmente, la obra actúa como un poderoso recordatorio de que la muerte es, en esencia, la última etapa de la vida y que negarla solo empobrece nuestra experiencia actual. Al proponer una “buena muerte”, el autor aboga por una aceptación serena que, paradójicamente, nos impulsa a vivir con mayor plenitud y consciencia. Es una lectura enriquecedora que desafía los prejuicios modernos y nos reconcilia con nuestra propia vulnerabilidad, invitándonos a abrazar cada momento con una renovada apreciación por la existencia.
4/5

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