Es Gran café un monólogo. El autor se despoja, para su nueva novela, de las apoyaturas que le son características: el realismo lírico, su maestría al escribir, su gusto del paisaje. Escribe en esta ocasión para los más, pero no se desentiende de las minorías que, siempre afectras, le han admirado y seguido. Ha dicho el autor que es Gran café libro compuesto como bajo un lema, un proverbio, de Antonio Machado:
Da doble luz a tu verso:
para leído de frente,
y al sesgo.
La situación de España en vísperas de la guerra, los temas que a esa alta temperatura sacuden el alma de los hombres, el amor, la muerte, se condensan en un proceso de economía lingüística único en nuestras letras a través de las páginas, sencillas y apasionantes de Gran café.
Finalista Premio Planeta 1974
RESEÑA
Crónica literaria de una época entre tazas de café y confidencias
En esta obra, Pedro de Lorenzo despliega su talento como observador de la realidad para ofrecernos un retablo vibrante de la vida cultural. Lejos de la quietud del campo o el hermetismo del hogar, la narrativa se traslada al espacio público por exigencia del siglo XX: el café, ese escenario donde el tiempo se detiene y la palabra se convierte en el único motor del mundo.
Lo más fascinante de este libro es cómo Lorenzo consigue elevar la anécdota y la conversación a la categoría de arte. No estamos ante una simple recopilación de vivencias, sino ante una exploración de la condición humana a través del diálogo, el ingenio y la observación social. Con su característico estilo depurado —donde cada adjetivo está colocado con precisión de relojero—, el autor captura el espíritu de una generación de intelectuales, bohemios y figuras de paso que daban vida a esas “instituciones” hoy casi desaparecidas.
La prosa se vuelve aquí más ágil, pero no por ello menos rica. Se percibe una elegancia mundana y, a veces, una ironía sutil que retrata las vanidades y las grandezas de quienes habitan esos salones. Es una novela que funciona como un espejo de una época y una forma de entender la convivencia que hoy nos parece casi legendaria.
Para el lector que busque una obra donde el lenguaje brille tanto como las ideas que transmite, esta es una lectura imprescindible. Es un homenaje a la conversación pausada y un testimonio inigualable de la geografía sentimental de nuestras ciudades.
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