Clemente, un joven obrero del barrio barcelonés de Pueblo Nuevo que vive con su madre y cuyo padre murió a consecuencia de una paliza de la policía, frecuenta la casa de un antiguo ferroviario inválido que orienta las inquietudes sociales de un grupo de anarquistas, y es un gran admirador del socialista utópico Étienne Cabet.
Clemente toma parte en el asesinato de un patrono que había despedido a varios obreros, y luego participa en varios atentados fallidos contra el gobernador civil y el mismo Alfonso XIII, y toda esta violenta historia se combina con la evocación del viaje que el 1848 emprendieron los cabetianos para fundar la ciudad ideal de Icaria en Tejas: Clemente y sus compañeros fracasarán sin gloria como había fracasado la colonia socialista instalada en el Nuevo Mundo.
Premio Planeta 1974
RESEÑA
La utopía frente a la cruda realidad
Con esta novela, Xavier Benguerel rescata un episodio fascinante y poco conocido de la historia social: el intento de fundar una comunidad igualitaria en América basado en las ideas de Étienne Cabet. La obra es una profunda reflexión sobre el idealismo, la ambición y la fragilidad de las utopías cuando se enfrentan a la naturaleza humana y a un entorno hostil.
La narración avanza de forma lineal siguiendo a un grupo de entusiastas republicanos y anarquistas catalanes de mediados del siglo XIX. La historia comienza en los ambientes obreros de Barcelona, donde los protagonistas, seducidos por el sueño de una sociedad sin propiedad privada ni clases sociales, deciden embarcarse hacia Texas para fundar la colonia de Icaria. El relato describe con detalle las penurias del viaje, el choque brutal con la realidad del terreno y las disensiones internas que empiezan a surgir entre los colonos. La trama culmina en la desintegración del proyecto, mostrando como el sueño de libertad absoluta termina sucumbiendo ante el autoritarismo de los líderes y las debilidades de los propios seguidores.
Benguerel emplea un estilo sobrio, preciso y de gran fuerza narrativa. La prosa destaca por su capacidad para combinar la crónica histórica con el drama psicológico. El autor logra retratar con maestría el entusiasmo inicial de los personajes y su posterior caída en el desencanto, utilizando un tono que oscila entre la épica y la amargura. Su escritura es rica en matices sociológicos, logrando que el lector comprenda no solo los hechos, sino el fervor ideológico que movía a los hombres de aquella época.
Icaria, Icaria... es una obra necesaria para entender las raíces del pensamiento utópico y los peligros del fanatismo idealista. Es una novela que trasciende el contexto histórico para convertirse en una parábola universal sobre el fracaso de los paraísos artificiales. Una lectura inteligente y conmovedora que reivindica la memoria de quienes se atrevieron a soñar un mundo diferente, aunque el destino les fuera esquivo.
4.5/5

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