Mientras aguardan impacientes el nacimiento de su primer hijo, Ivy y David Rose deciden organizar un mercadillo en el jardín de su casa para deshacerse finalmente de todos los trastos viejos que encontraron en la mansión cuando la compraron hace tres años. Lo último que se imaginaba la pareja es que entre los posibles compradores aparecería Melinda White, una antigua compañera de colegio que hacía muchísimos años que no veían. Sorprendentemente Melinda White es ahora una mujer esbelta y elegante -y embarazada como Ivy-, que nada tiene que ver con aquella niñata regordeta y poco agraciada a quien todo el mundo marginaba sin piedad.
Este encuentro no pasaría de anecdótico y fugaz si no fuera porque dos días después la hermana de Melinda denuncia su desaparición. El hecho que fuera vista por última vez en casa de los Rose convierte a éstos en testigos clave de la investigación, pero mientras que Ivy responde con serenidad a las preguntas de la policía, David se muestra evasivo y nervioso, y cae en sospechosas contradicciones, por lo que es encerrado preventivamente. Segura de la inocencia de su marido aunque desconcertada aún por su conducta, Ivy decide investigar pro su cuenta los últimos pasos de Melinda... para descubrir que si bien David no parece el culpable de aquella extraña desaparición, sí lo es de llevar años ocultándole la verdad.
RESEÑA
Secretos de jardín y costuras a la vista
La premisa de esta novela nos sitúa en un escenario cotidiano y doméstico: Ivy y David Rose, un matrimonio que espera su primer hijo, organiza un mercadillo para limpiar su mansión. La trama se dispara cuando aparece Melinda White, una antigua compañera de colegio cuya transformación física es tan radical como su misteriosa desaparición apenas dos días después. Lo que empieza como un encuentro anecdótico se convierte en una pesadilla legal cuando David, tras caer en contradicciones sospechosas, es detenido. Este arranque promete un thriller psicológico centrado en los secretos matrimoniales y las sombras del pasado escolar.
Sin embargo, el desarrollo de la historia no logra estar a la altura de su planteamiento. Aunque la búsqueda desesperada de Ivy por demostrar la inocencia de su marido mantiene un ritmo ágil, la narrativa sufre de una previsibilidad excesiva. Para el lector habituado al género, las pistas no son sutiles, sino que funcionan como “carteles de neón” que revelan al culpable y las resoluciones mucho antes de llegar al final. Esta falta de misterio desinfla la tensión necesaria en cualquier obra de suspense que se precie.
En conclusión, la obra se queda en la superficie de lo que podría haber sido un gran relato de intriga. Con una estructura que recuerda a las películas de sobremesa más convencionales, el intento de la autora por emular a referentes como Mary Higgins Clark se queda corto al no lograr mantener el secreto hasta el desenlace. Es una lectura ligera para pasar el rato, pero que probablemente decepcionará a quienes busquen un desafío intelectual o un giro de guión realmente sorprendente.
2.5/5

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